Los médicos le advirtieron que la hija que iba a tener sufría una enfermedad terminal, y que fallecería nada más nacer. Sin embargo decidió continuar con su embarazo y hacer el regalo más grande que se puede hacer. Dejarla nacer para donar sus órganos a otros niños. Una fotógrafa dejo constancia gráfica de todas las emociones que se vivieron ese día.

Una pareja de Oklahoma, Abbey Y Robert, se han visto obligados a tomar una de las decisiones más difíciles a las que se puede enfrentar unos padres.

A las 19 semanas de embarazo  detectaron que el feto sufría anencefalia, una enfermedad que provoca que el recién nacido nazca sin cerebro, cráneo ni cuero cabelludo.

En ese momento fue cuando tomaron una de las decisiones más terribles, pero a la vez mas bellas que puede hacer un ser humano. Continuar con su embarazo, que naciera su hija sin ninguna esperanza de superar el día de vida, y que una parte de ella siguiera viviendo en otros niños.

El 23 de junio la pequeña Annie llego a este mundo y sólo  casi 15 horas después lo abandono.

La madre describe ese momento feliz, contaban historias, reían… no estaban tristes, porque ese tiempo que Annie paso entre ellos fueron de completo amor.

“Tenía que morir, pero me alegra que fuera en mis brazos”

A persar del esfuerzo del equipo del Hospital de Oklahoma, la falta de oxígeno sólo permitió la donación de sus válvulas cardiacas fuera viable, el resto de sus órganos han sido utilizados para estudiar malformaciones que ayudan a aprender más

Hay momentos que nos obligan a tomar decisiones muy duras, y estos padres sacaron lo mejor de 15 horas de vida.

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