Cuarenta familias denuncian al defensor del pueblo que obligaron a sus hijos a posicionarse políticamente sobre el conflicto en Cataluña.
Los alumnos de tercero y cuarto de la ESO del instituto El Morell de Tarragona tuvieron que contestar el pasado 6 de noviembre a una encuesta en horario lectivo en la que se les preguntaba “hasta qué punto te identificas con: el movimiento independentista / el movimiento no independentista”. Los profesores les obligaron a responder.

Tuvieron que poner sus nombres y apellidos en un sondeo en el que también se les preguntaba si en casa hablaban catalán; si creían que el castellano era “una lengua bonita”; hasta qué punto se sentían orgullosos de ser catalanes, españoles o de su país de origen; en dónde trabajaban sus padres o qué tipo de religión tenían. A la hija de Fernando -nombre ficticio- todo eso le sonó un poco raro e intentó escabullirse.

-Yo es que no quiero hacer esta encuesta, mi padre me ha dicho que lo que sea de política no lo haga.

-Pues no sales hasta que no la acabes.

Así le respondió su profesora. Y la cría se puso a contestar al azar por miedo a sufrir represalias.

En otras aulas pasó lo mismo. Los docentes obligaron a críos de 14 y 15 años a responder a un sondeo supuestamente con fines de investigación sociolingüística en el que les obligaban a posicionarse políticamente y a expresar sus convicciones ideológicas, según han denunciado este lunes 40 familias de este instituto, que han pedido amparo al Defensor del Pueblo y han puesto una queja ante la Agencia Española de Protección de Datos por “vulneración de los derechos fundamentales de los menores y la Ley de Protección de Datos”.

Es la primera vez que tantas familias se unen para denunciar adoctrinamiento en un centro educativo. Asesorados por la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB), tres padres han viajado a Madrid y han entregado un escrito a un ayudante de Francisco Fernández Marugán -el Defensor del Pueblo no ha podido recibirles- en el que le piden que intervenga “ante las reiteradas muestras de falta de neutralidad en este centro y la absoluta desprotección por parte de las autoridades catalanas”. La institución se ha comprometido a darles respuesta.

Fernando, Teresa y Almudena -todos nombres ficticios, porque no quieren “represalias” contra sus hijos- cuentan a EL MUNDO la progresiva “politización” que ha sufrido durante los últimos años el instituto de El Morell, un municipio de 3.330 habitantes en el que “todos se conocen”. Lo de la encuesta es la gota que ha colmado el vaso.
Dicen que la mayoría de los profesores “se jactan de ser independentistas”, que “el director iba hasta hace poco con un lazo amarillo en la solapa” y que “la profesora de Lengua y Literatura Castellana habla en catalán en las clases de castellano”.

“En vísperas de las pasadas elecciones generales, hicieron un simulacro de elecciones en clase. Iban leyendo en alto los resultados y, cuando salió la papeleta de Ciudadanos, la profesora dijo: ‘Ya tenemos un fachita en clase'”, recuerda Teresa.

Almudena añade que el ambiente es “irrespirable”. Explica que el pasado 17 de octubre, con motivo de la huelga de estudiantes, “todos los alumnos, incluso los que no secundaban los paros, tuvieron que escuchar por los altavoces las consignas independentistas, que incluían acusaciones contra las instituciones del Estado. Los que no quisieron hacer la huelga fueron apartados”.

“Había alumnos que llevaban esteladas y otros reaccionaron espontáneamente poniéndose a pintar en los cuadernos unas banderas de España. La dirección del centro hizo quitar las banderas españolas, mientras que permitió seguir exhibiendo las esteladas. Les dijeron que éstas estaban amparadas por la libertad de expresión. Pero las españolas no”, expresa.

El mismo día 17, dos chicos de 14 años se pegaron en el autobús volviendo a casa. Uno era partidario de la independencia. Otro defendía la unidad de España. Tuvieron que separarlos. El procés ha dividido en dos el instituto y así se pone de manifiesto en un vídeo en el que se ve cómo unos niños se enfrentan y gritan a otros con agresividad. No se pelan por el balón, sino por la política.

“Lo triste es que estos críos han crecido juntos y antes eran amigos”, lamenta Almudena. Fernando, a su lado, revela que “los alumnos de 14 años hablan de la independencia en los grupos de WhatsApp”, cuando deberían estar comentando cosas más típicas de su edad, como la música que escuchan, los deberes que tienen o la persona de la que están enamorados. “Este instituto es el reflejo de lo que día a día vivimos en la sociedad catalana”.

 

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